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Juan Bautista Cuevas, el bolichero solidario de la Pampa Salamanca
 


“No sé por qué la gente me llama a mí ya que también están el boliche de Garayalde y el de Uzcudum, pero a muchos me llaman para saber como está la ruta, si está muy frío o nevando, si hay algún accidente...

Yo salgo enseguida y me meto en la ruta y paro a los primeros que vienen ya sea de un lado o de otro, les pregunto y después le aviso a la policía o los bomberos y a otros que me llamaron y les digo si pueden salir tranquilos o se trató de alguien que les pasó mal la información".

Las palabras reflejan la nobleza y el sentido de solidaridad de un gaucho de estos tiempos modernos del siglo XXI en peligro de extinción: la de Juan Bautista Cuevas, el hombre nacido hace casi 70 años en las tierras chilenas de Valparaíso y que hace poco más de 21, más precisamente en mayo del '84, decidió dejar atrás su antiguo trabajo en el Banco Hipotecario en la ciudad petrolera y su pequeña empresita de pinturas para afincarse en medio de la soledad de la Pampa Salamanca, a un costado de la ruta Nacional Nº 3, y ganarse la vida con lo que denomina 'su boliche'.

Entrar al boliche es transportarse al mundo de los camioneros, de los que pasan a pedir agua caliente para el mate, de los turistas veraniegos para gastar en una gaseosa fría o situarse en el mapa de la ruta que desandan... o al arriero que dejó la tropilla no muy lejos y se merece un descanso con regocijo de puchero o algo más rápido como un buen bife acompañado de huevos fritos y un trago de vino.

Y la calidez del lugar invade al visitante, y más aun cuando es invierno y afuera la nieve conmueve y la escarcha cala los hueso, pese al calorcito que hace apenas cinco minutos lo tenía a uno cómodo en el habitáculo de la cabina del camión o la camioneta moderna.

¿Veintiún años del hombre en el lugar y el mismo buen humor no es nada? "Soy muy creyente y me siento feliz con ayudar a los que necesitan una mano.

Con mi compañera trabajamos todo el día desde muy tempranito a la mañana y cerramos a eso de las once y media o doce de la noche, aunque por ahí cae algún trasnochado que necesita algo y tenemos que atenderlo...”, cuenta el hombre de vida y mirada simple y sabia como la naturaleza.

Don Cuevas, al momento del encuentro con los cronistas de este diario recuerda que la noche anterior debió darle cobijo con una cama y colchón de una plaza al conductor de una camioneta Isuzu que había volcado en la ruta.

“El hombre estaba bien y no le había pasado nada, pero en el vuelco se le habían roto los vidrios del lado del acompañante y como se la habían dado vuelta quería quedarse a dormir en la camioneta... estaba nevando tupido y la nieve se metía por los ventanales rotos... le dijimos que no, que si dormía se moría.

Menos mal que hizo caso y se vino al boliche. Le hicimos un lugar y durmió tranquilo; de haberse quedado en la camioneta no despertaba... hubo 33 grados bajo cero y ni se hubiese enterado. Esa misma noche le dimos refugio a un matrimonio por problemas en el auto... siempre hay lugar para uno más” señala el hombre.

El reportero indiscreto le preguntó a Juan Bautista quién lo había acompañado –hace 21 años- en su patriada; si algún familiar, si alguna compañera, si alguien... pero con su misma mirada franca y sincera y una sonrisa un tanto socarrona –mientras cocinaba bifes y huevos fritos para sus comensales- señalaba cómplice a su compañera que llevaba y traía platos el comedor: “Tuve mujeres que no se aguantaron esta vida de soledades... pero hace 17 años que estoy con ella... no le gusta mucho salir o hablar con los periodistas, es un poco reacia” admite.

Ella se llama Amelia Vidal y es quien lleva y trae platos y platitos, -sencilla y tímida que no quiso fotos pero de carácter muy afable-, vacía ceniceros, camina desde la cocina al comedor con cortados y cafecitos; la que carga el trapito al hombro para limpiar el hule de las mesas, darle y bajarle el volumen a la radio (AM), señalar donde está el baño... y más que nada, entereza, mucha entereza para acompañar a Juan Bautista Cuevas, un gaucho patagónico de estos tiempos.
 


Bienvenido el gas natural y 'que vengan otros inviernos'

Cuenta Juan Bautista que desde hace unos tres años cuenta con electricidad gracias a TGS y un generador que vinieron a suplantar los viejos farolitos a gas licuado o kerosene que siempre lo acompañaron, y que lo único que debe hacer es 'cuidar y vigilar el equipo".

Pero otra noticia que le cayó muy bien es la sanción unánime hace escasos días de la Legislatura provincial que a través de una declaración del diputado José Karamarco se solicita instrumentar las medidas pertinentes para instalarle gas natural.

"Hubo apoyo unánime tanto de justicialistas, radicales y pachistas, y la verdad me llena de orgullo" comentó don Cuevas, agregando que "acá vino el diputado Karamarco una vez y me dijo 'Usted es el ángel que Dios puso en la ruta', y yo le respondí: usted es el ángel que me trajo Dios para darme una mano".

Y su agradecimiento se extiende también el gobernador Mario Das Neves. "Me llamó por teléfono interesándose personalmente y me dijo que pondría todo lo que esté a su alcance para que pueda tener el gas natural... nos va a venir bien a todos y nos ayudará a pasar mejor los inviernos" señala.

Y es que si hay alguien que entiende de solidaridad y agradecimiento, ese hombre es Juan Bautista Cuevas que desanda su buen humor una fría noche de viernes de estos días y charla con los reporteros que fueron en busca de un accidente que afortunadamente no existió, y se trajo la entrevista con el bolichero, que cuenta parte de su historia, mientras cocina bifes a la plancha y huevos fritos para los comensales camioneros que miran a través del ventanal como despunta la niebla y la escarcha que empaña los vidrios de este otro lado, el de la calidez humana interior.  


Crédito:

  • Publicado en el Diario Crónica. (04/07/05).
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